Cada septiembre, Salta se transforma en un centro de fe viva con la celebración del Señor y la Virgen del Milagro. Este año, sin planearlo, llegué hasta allí y lo viví desde dentro.
No supe que iría hasta ese mismo día: domingo 14 de septiembre.
La decisión nació de la intuición, de ese saber interno que se enciende antes de que la razón intervenga.
Cuando lo compartí con mi familia, mi mamá respondió:
✨ “Un día como hoy mi mamá se fue a milagrear al cielo.”
En ese instante, sentí a mi abuela materna presente conmigo.
Su compañía me atravesó como una brisa suave: limpieza, liberación, vacío… y al mismo tiempo, tranquilidad y certeza.
Un “darse cuenta” profundo emergió en mí: estaba en el punto de origen.
El pulso de lo ancestral
El Milagro me mostró la fuerza del sincretismo: lo católico y lo ancestral latiendo juntos.
Sin saberlo, recibí a los peregrinos de la Puna, la peregrinación más grande.
Un encuentro con la fe viva, con la fuerza de lo colectivo, con la devoción que se hace camino.
Gracias Pau, por ser pulso y guía para llegar hasta ahí.
Lo colectivo me llevó al símbolo, y el símbolo a la comprensión de la totalidad.
Símbolos y totalidad
En cada gesto, en cada ritual, descubrí la importancia del símbolo:
el sagrado femenino y el sagrado masculino,
la izquierda y la derecha,
el blanco y el rojo.
Contrarios que se necesitan y se abrazan, recordando que el camino es la unión, la integración, la totalidad.
Mi oración
En medio de esa vibración, mi oración se hizo clara y sencilla:
🌿 Que seamos hermandad, paz, fe, amor, confianza y certeza.
🌿 Que vibremos en la frecuencia del amor.
🌿 Que logremos unir pensamiento, emoción y acción.
Coherencia: oración hecha vida
El Milagro me enseñó que la coherencia es la fe hecha vida.
Ser y hacer desde un mismo lugar.
Porque donde va la atención, va la energía…
y en eso nos convertimos.
Que recordemos que la fe no es expectativa, sino entrega.
Que vibremos en la frecuencia del amor.
✨ Milagro significa aquello que causa admiración por ser extraordinario, lo que no podemos explicar con la razón, pero sí con el corazón.
Y entonces me pregunto: ¿qué milagro anhela tu alma hoy?
Quizás el verdadero milagro sea aprender a reconocer aquello extraordinario que ya habita en vos.
Si compartes este contenido, por favor menciona la fuente: Paola Castillo – aynigestalt.com.ar